¿Qué debería haber hecho?
Eras las tres de la madrugada. Había estado todo el día fuera de casa trabajando en el montaje de un video corporativo para una conocida marca de ropa. No me gusta volver a esas horas a casa con el portátil encima.
Según llegaba a mi calle empecé a escuchar unos gritos, parecía un hombre. No es raro que a estas horas de la noche y por esta zona de Madrid haya gente con alguna copa de más, en busca de problemas, vociferando contra todo aquel que pasa. Giré la calle sin mirar hacía donde estaba el hombre, le notaba cerca.
-¡Eh, ven aquí! ¡Tú! ¡Ven! ¡Que la llave no me va! ¡Me han dejado tirado! –lo primero que pensé fue que el señor había llegado ebrio a casa y que la mujer harta de tantas noches así había cambiado la cerradura.
-¡No me dejes tirado! ¡El taxista me ha dejado tirado! ¡Eh! ¡Ven! –noté, todavía sin mirarle, que se estaba acercando así que agarré mi portátil con todas mis fuerzas y aceleré el paso. Entré en mi portal, me aseguré de que la puerta se había quedado cerrada y me metí en el ascensor. Me asusté bastante.
Ya en casa, con la tranquilidad de estar en un lugar seguro me asomé disimuladamente por la ventana y fue cuando comencé a tener remordimientos de conciencia.
Era un señor mayor, con boina y bastón. Continuaba gritando en plena calle. Decía que le había dicho al taxista que le dejara en el número cinco de esta calle y, según él, le había dejado tirado. Decía que su llave no iba, que ese no era el número cinco. Después de escucharle pude entender que el señor era muy mayor, que estaba perdido y que seguramente tenía Alzheimer. Acababa de negarle mi ayuda a un señor mayor que no encontraba su casa. El taxista le había dejado en el lugar correcto y él, por el motivo que fuera, no conseguía abrir la llave del portal. ¿Cómo iba a saber yo que lo que en realidad pasaba era eso? Quizá si no hubiera estado gritando de esa manera y hubiera utilizado otro tono al decir lo que decía yo no hubiera creído que era un borracho en busca de bronca y le hubiera escuchado. ¿Qué debería haber hecho? ¿Debería sentirme mal por algo de lo que no era consciente?
Un coche con dos chicos jóvenes paró y le ayudaron. El portal era en el que estaba y la llave que no abría al final abrió.
Esa noche me costó varias horas conciliar el sueño.
Tags: Madrid
You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.
6 Junio 2008 at 12:52 AM
El espíritu de supervivencia te pudo. Yo hubiera hecho lo mismo.
Lo que funciona para aliviar la culpa es hacer algo en la sombra. Llamas a la policía, les cuentas lo que pasa y ellos le ayudan o lo solucionan o hacen lo que toque, que también es su trabajo, no?
6 Junio 2008 at 12:54 AM
Pues no tengas remordimientos que estando como están ultimamente las cosas cualquiera se fía. Yo desde luego habría actuado como tú. Estoy segura, y más a esas horas. Por el día es diferente pero por la noche no me fío yo ni del tato….
¿Y si hubiera sido un loco qué? Vale que no fue así, pero nunca se sabe. Los del coche también eran dos… es diferente cuando vas acompañado.
1 besito de buenas noches para que duermas bien. Dulces sueños
6 Junio 2008 at 3:37 AM
Comprendo porque actuaste así, es perfectamente normal, sobretodo en Madrid que te ves de todo. No puedo decirte que “debías hacer”, porque no estaba en tu piel. PERO, si al subir a casa veo que el pobre hombre no es peligroso, si no un simple anciano pidiendo ayuda, bajaría corriendo y le socorrería en lo que pudiera. Llámame “primo”, por ser de una ciudad más pequeña y menos “peligrosa” que Madrid, pero es que me parece tristísimo que tengamos tanto miedo de nuestros semejantes…
Y hazte un favor, guapo: aparta la culpabilidad y los remordimientos, que son un malgasto de energía. Si puedes solucionar una situación en un momento dado, te arremangas y lo arreglas. En el caso de que no puedas, no sirve de nada que te sientas mal, sólo intenta apreder la lección, que ya es bastante
Ánimo, besos y sigue escribiendo, que me encanta tu blog
6 Junio 2008 at 9:07 AM
Kazemusha?!? (Cuando te pille te sancocho…
)
A mí me ha pasado una situación muy parecida. Cuando vas solo, y sobre todo con algo valioso encima, tiendes a sufrir una pequeña “paranoia” que se acentúa según nos adentramos en las horas de la madrugada. Yo hubiera hecho lo mismo que el torrija de Kazemusha, o hubiera llamado a la policía. Sé por experiencia lo que es tener a alguien con Alzheimer en casa, y hay veces que pasan esas cosas, o peores.
No te sientas culpable, habían más probabilidades de que fuera un matado, o un loco a que fuera un viejito. Piensa en algo, los dos chicos lo ayudaron, eran dos, se sentían seguros. Estoy segura de que si no hubieran aparecido hubieras hecho algo
Anímate y un besote
6 Junio 2008 at 10:21 AM
Estoy con kazemusha “me parece tristísimo que tengamos tanto miedo de nuestros semejantes…”, pero asi es la sociedad moderna, basada en la desconfianza, que ya inculcamos -nos inculcan- desde ninos “no hables con extranos, no aceptes nada de extranos…” y tal y como estan las cosas, como para no hacerlo.
Depende mucho la reaccion del momento personal, si somos capaces de captar ciertas pistas “anciano?, borracho?, agresivo?…” y de nuestra disposicion.
La culpabilidad y los remordimientos son una forma de aprender, (no) he hecho algo que podria (no) hacer mejor y a traves del remordimiento y el sentido de culpa nos predisponemos a que la proxima vez intente tener una respuesta diferente. Si lo de la culpabilidad no te deja en paz al dia siguiente, entonces se puede convertir en un problema…
6 Junio 2008 at 1:33 PM
A riesgo de que se me ponga verde, yo habría hecho lo mismo y te recomiendo encarecidamente que si te vuelve a pasar algo así, no sólo aceleres el paso sino que corras…
Después, eso sí… 091.
En la era de la información, estamos hartos de ver casos de gente que aparece por ahí despeñada por un loco. Y en este caso, pese a la gran putada que es, lo de menos es perder el portátil…
Abrazos SIN sentimiento de culpa, por favor…
6 Junio 2008 at 1:52 PM
Es lógico que reaccionaras así, sobre todo en una ciudad como Madrid. En una situación hipotética hubiera hecho lo que dice Kazamusha, pero hay que verse en la situación. Ayer me pasó algo parecido, un hombre estaba rondando mi portal y cuando me acerqué me miró de forma extraña y me entró la paranoia. Ni que decir tiene que me faltó tiempo para que las piernas me llegaran al culo. Así que, si un hombre se acerca gritando es lógico que te asustaras. No le des importancia. Sabes que la proxima vez lo harás de otra manera.
6 Junio 2008 at 2:17 PM
Yo hubiera reaccionado como tú. Cuando voy por la calle, y más a ciertas horas, veo ladrones y borrachos a cada esquina, aunque no haya nadie. El miedo es libre, desgraciadamente, y el instinto es lo que funciona entonces. Es muy triste que hoy en día seamos así, pero es el signo de los tiempos. Desconfiamos los unos de los otros y pagan justos por pecadores. Al menos, te asomaste y viste como alguien finalmente ayudaba al señor. Yo he reaccionado muchas veces como tú, y luego te sientes culpable, pero eso no sirve de nada. Si próximamente tienes ocasión, ayuda a alguien por justicia kármica y te sentirás mejor.
7 Junio 2008 at 1:27 PM
No te preocupes. Cualquiera hubiera reaccionado así.
Es una pena pero es el signo de los tiempos que vivimos. Cada día más conectados unos a otros por todo tipo de cacharros tecnológicos, pero cuando un semejante se nos acerca aunque sólo sea a pedirnos la hora, instintivamente damos un paso atrás.
Besos.
7 Junio 2008 at 3:59 PM
bueno… es la triste realidad de la sociedad que vivimos…, yo antes vivía en la ciudad, y para bajar la basura hacía verdaderas competiciones atléticas, miraba a diestro y siniestro, y pensaba que todos los ojos de cuantos me cruzaba se clavaban en mí y me perseguían a todos lados…, paranoia producto, supongo…, de un pequeño sustillo que me dío un indeseable, que aunque afortunadamente no llegó a más, me costó perder la confianza a andar libre por mi ciudad.
Ahora vivo en un pueblo, esa sensación poco a poco desapareció, y bien es verdad que me costó acostubrarme a la cercanía de la gente, que a veces te agobia con saludos y preguntas, más teniendo en cuenta que vienes de la jungla urbana, pero la ventaja es que esa forma de ser también te da la seguridad de que si das una voz, tienes a cuatro al lado para ayudarte, cosa que ahí, ya puedes gritar y correr ya, que ni caso…
No te martirices, es una reacción normal, injusta, pero sensata…
Besos
7 Junio 2008 at 9:31 PM
Pues yo aquí había comentado y mi texto no está… Weno, pos me repito.
Creo que hiciste lo correcto y añado, si te vuelve a pasar algo así, en vez de acelerar el paso, directamente corre. Sé que es impopular, sé que suena fatal pero siempre es mejor que aparecer en un río o en un pozo… Desgraciadamente, es lo que hay. Y yo soy muy cagón.
Abrazos
8 Junio 2008 at 3:46 PM
No te atormentes, pero que los errores te enseñen.
A todos nos ha pasado algo así, por lo que luego nos hemos sentido mal… qué le vamos a hacer, no estamos infinitamente preparados ante las situaciones nuevas, que nos desconciertan…
Por suerte, aún se puede confiar, en ocasiones, en la bondad de los desconocidos.
El lunes, a altísimas horas de la madrugada, me encargué de que los que asaltaban la zapatería de enfrente de mi casa, bueno, corrijo, que yo sepa, uno de los dos que asaltaban, acabaran presos y a disposición policial. Probablemente en dos semanas esté en la calle y repita la jugada, pero al menos mi eslabón cumplió su parte.
Si te sientes muy mal, ve al portal y pregunta a los vecinos o algo. Entérate de quién era el señor, y déjale una nota. O a su mujer, o a sus hijos. Contándoles lo que sientes. La gente cree que esos gestos no valen de nada, pero sí que valen, sí.
Mua.
8 Junio 2008 at 9:17 PM
Yo te entiendo en según que barrios y a según que horas…
8 Junio 2008 at 9:47 PM
Pensándolo en frío el señor no me pidió ayuda, sólo me gritó ven aquí. Supongo que cuando alguien pide ayuda es conveniente utilizar un tono diferente, si es que queremos que nos ayuden. También comprendo que era un señor mayor y que en ciertas situaciones es dificil mantener las normas de la cordialidad.
Dicen que lo primero que hay que hacer es salvarse uno mismo para poder a salvar los demás. Lo dicen las azafatas de los aviones “no ayuden a ponerse las mascarillas a los demás hasta que no se hayan puesto la suya”. Creo que eso es lo que hice yo, ponerme la mascarilla antes que nada.
Al asomarme a la ventana y ver que era un anciano mi primer impulso fue volver a bajar, pero ya había parado el coche con los dos chicos y algunos vecinos controlaban la situación desde sus respectivos balcones.
El sentimiento de culpabilidad a desaparecido casi en su totalidad. Este asunto me ha hecho reflexionar mucho. ¿Somos conscientes de las cosas que pasan en nuestro entorno? ¿Son reales las cosas de las que somos conscientes? ¿Que seríamos capaces de hacer o no hacer con miedo?
El mundo nos hace desconfiar, las personas nos hacen desconfiar. Me asusta que algún día sea yo el que necesite ayuda y nadie me preste atención.
Que razón tenía Mafalda cuando decía: Que paren el mundo que me quiero bajar.
Que lo paren ahora mismo.
9 Junio 2008 at 1:02 AM
Y qué razón tienes… Creo que no somos para nada conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor… de hecho, esta noche cuando volvía a casa (yo, que soy una inocente) vi a una pareja sentada en la acera. Al principio, y de ahí lo de inocente, pensé que era eso, una pareja hablando, así q no aceleré ni nada, pero cuando me fijé eran una pareja fumando crack o algo q olía fatal, q me miraron muuuyyy mal y q, casualmente, se levantaron justo cuando abría la mochila en busca de mis llaves.
La verdad, no sé que pensar. Yo también tengo miedo de necesitar ayuda en un momento dado y que no me la presten… eso sí, no la pediría dando voces y con cara de mala leche…
Ains…
23 Junio 2008 at 11:57 PM
A veces pienso que tienen razón los que dicen que no somos conscientes de la realidad de nuestro entorno o del mundo, sino de la visión condicionada que nos dan los medios de comunicación de ese mundo que en realidad desconocemos cómo es. Paranoias de madrugada.