
Conocí a Joan en la estación de Sants de Barcelona.
-Perdona, ¿nos conocemos? –y puede que me dijera algo más pero yo sólo pude fijarme en sus dientes blancos perfectamente alineados.
-No, lo siento –le dije tajante (cuando intuyo que un desconocido puede ponerme en una situación que no deseo suelo protegerme con una bordería).
-Perfecto, yo soy Joan.
-Yo Alberto –cuando un desconocido me pone en una situación comprometida y me sorprende desprevenido suelo contar una mentira que normalmente empieza por inventarme mi nombre.
Y después llegó una caña en una terraza, y otra mentirijilla, y un mojito, y una mentira un poco más grande, y luego un taxi compartido…
Conclusión: Piensa que me llamo Alberto, que soy psicólogo y que vivo habitualmente en Londres.
¿Puedo ser más desastre? ¿Puedo serlo? Sí, puedo. Al final descubrimos que tenemos una persona en común, el mundo es un pañuelo. Un conocido con el que no tengo la suficiente confianza como para pedirle que me ayude a resolver el enredo.
¿Qué hago? ¿Ahora qué hago? ¿Por qué siempre me pasa lo mismo? Creo que tendría que confesar la verdad porque al final lo acabará descubriendo. ¿Por qué no puedo ser una persona normal? ¿Por qué? ¿Por qué? Ay, ¿por qué?
























últimos comentarios